Miré la carta, el libro, la mesita, el florero de cristal con las gardenias blancas que su hermana trajo para ella, apenas hacía tres días que vino de visita. Me detuve unos segundos mirando…
Sucede a menudo que los cristales de mi habitación estallan en pedazos cuando pronuncio tu nombre, y es que cada letra que lo compone sale con la fuerza de un huracán.
Desde aquel día me levanto todas las mañanas enfrentándome a un día más sin ti, el despertador a pesar de su insistencia se ha cansado de llamarme, mis oídos esperan tu voz…
Espera a ver cómo el mundo se desploma, cómo la tierra se abre y los ríos se desbordan. No falta mucho para que todo suceda. Estas tormentas que se han formado con tu ausencia…