Las batallas (carta formal)
Amada mía, escribo esta carta con el más emotivo y ferviente deseo de ofrecerle una estrella, podrá escogerla usted, la más brillante, la más lejana, la más joven o la más antigua si usted lo prefiere. Escoja usted la que desee de entre todos los millones y millones de astros que navegan los universos. No puedo ofrecerle más, pues ya es de usted mi corazón, mi alma, mi carne y mi sangre, mis ilusiones y hasta la vida misma. Puedo ofrecerle una gota de agua de los mares más profundos y peligrosos de la tierra si usted prefiere, la flor más exquisita y extravagante del planeta si así lo desea. No pretendo “bajarle la luna y las estrellas” como dicen coloquialmente, me parece vulgar pensar en ofrecerle eso, lo que le ofrezco en llevarla a usted a la estrella que haya elegido, y será en ella misma donde construiré un pequeño chalet para nosotros dos, pequeño y sencillo quizás, pero el más hermoso, le aseguro, un lugar donde no necesitaremos más que estar juntos, no 25 años, no 40 ni 60, ni los años que nos resten de vida, ni por millones de años sino eternidades sin medida de tiempo, sin límites. Le ofrezco eso, pues no tengo más que ofrecer que sea digno de usted.
Debo ausentarme ahora por un tiempo, pues tengo que lidiar con demonios internos que me descarnan, me destrozan, me depravan y corrompen; y temo perder la cordura y la batalla de esta manera en la que me he desenvuelto y usted lo ha notado. Se preguntará ¿De cuáles demonios estoy hablando? Algunos de ellos son pues, los mismos que han provocado que haya decidido usted evitar cualquier tipo de cruce de palabra entre nosotros (sin duda es peor que luchar sin manos y sin ojos contra mil demonios), son esos mismos demonios que me han situado en esta penumbra. Algunos otros son los mismos que usted combate, mismos demonios que usted conoce y que también he notado que lucha ferozmente contra ellos. Deseo de igual forma, con toda el alma, salga victoriosa de esas batallas, por el bien de ambos.
Sin embargo, tengo completa fe y esperanza en librar con éxito esta batalla a pesar de tan salvajes atrocidades que yo mismo he provocado. Mientras tanto quiero compartir con usted que me ausento por 21 días con sus noches, tiempo que asumo durará estas batallas y las suyas quizás. Regresaré a sus brazos con las 1000 cabezas de mis tormentosos demonios, arrastrándolos como trofeos y símbolo de victoria, regresaré, porque le amo con toda mi alma, bien lo sabe usted, y lo haré deseoso de saber su respuesta, saber que estrella ha elegido.
Sin más, quedo prendido a su alma desde siempre y para siempre.
